Carta 5
En dos días tomo un avión que me lleva a mi país. Ha pasado más de un año y ando con la sensación de que no podría esperar para ir, ni un sólo día más. Es como cuando te estas haciendo pis hace horas, pero a las dos cuadras de tu casa se hace insostenible, y al cruzar la puerta, tenés que correr para no mearte encima.
A finales del año pasado pedí un deseo: estar en Argentina para las fiestas. Porque si, es hermoso sumergirse en otras culturas y sus festividades: probar comidas; rituales; escuchar cuentos que se cuenta una misma gente hace ya miles de años.
La cosa es, que a mí me gusta sumar, pero no restar. Y el año pasado festejé muchas fiestas. Menos las mías.
Intenté nadar contra la corriente: armar rituales en casa y convencerme de que hay sensaciones que existen solo en nuestra mente. Fallé.
Somos seres sociales, y para mi las fiestas son algo más que el espíritu navideño o la cuenta regresiva antes de empezar el nuevo año. Las fiestas son un cúmulo de cosas que hacemos, sin ningún otro sentido que el de sostener tradiciones que nos hacen parte de algo más grande que nuestra individualidad.
Cuenta la leyenda familiar, que cuando mi nona Valentina ponía un pie en Italia hablaba español perfecto. En Argentina, nunca pude entenderla, se comunicaba con un dialecto italiano que no se parecía en nada al que estudié en el Instituto Dante Alighieri. Mi nona, que nos dejó hace poco más de tres años, nunca me dijo ni una sóla palabra en español.
En estos años viviendo lejos de mi país, me encontré varias veces pensando en ella. Y la entiendo a mi nona. Entiendo sus ganas de agarrarse fuerte a sus raíces, para no salir volando en tiempos de sacudón.
Su bisnieta, tiene que usar un mate pequeño, al que no le entra mas de una cucharada de yerba, después de tantos ataques de sobredosis de mateína: malestar estomacal; palpitaciones; necesidad de salir corriendo. Básicamente, pasarse de rosca con el mate.
No somos tan distintas. Ella se rehusaba a hablar un idioma que estoy convencida que sabía, después de más de medio siglo viviendo fuera de italia. Yo tomé más mate en estos últimos dos años que en toda mi vida, y hay veces, que digo que soy argentina antes de decir que me llamo Casandra.
Gracias por llegar hasta acá, querida lectora, querido lector. Ponele yuyos al mate para no pasarte de rosca. Me voy a armar la valija, mis rituales me esperan.
Y mi gente, que sin mi gente, no existe un ritual que tenga sentido.
Hablo tres idiomas
sí
pero mi corazón
late sólo en uno.






Hermosa carta en el otro polo de la experiencia (y en el otro polo del planeta)que Venia escribiendo antes del amanecer: Todo lo que sé y afirmo como identidad, el hogar de las costumbres. Cuando vienen los cambios se vuelve celda que aprisiona.
¿Dale que La próxima carta me la lees mientras mateamos?
Y mi corazón late con el tuyo 🤍 me llega tu carta por email y se frena el mundo. Nada más importante que leerte. Todo el resto puede esperar, te amo!!!