Carta 6
Esta carta, llega con delay, porque yo llegué con delay. Pero está escrita desde el aeropuerto, mientras cruzaba esos océanos que hay hoy entre una gente que amo y la otra. Entre un lugar que amo y otro que quiero.
Ahí les va.
No podría resumir de forma ordenada las últimas cinco semanas de mi vida. Tampoco creo haber podido vivir cada momento como se merecía: algunos, llegaron en avalancha. Y hasta la felicidad en avalancha es complicada. Pero en todos fui feliz. En algunos hasta demasiado feliz, más de lo que debería.
Qué cosa la felicidad.
Sé lidiar con la tristeza, con el enojo, con la molestia: sé quejarme; renegar; decir todo lo que podría estar mejor; criticar. Se me da más que bien. Pero ¿la felicidad? esa sí que es complicada.
Como no puedo resumir las últimas cinco semanas, arrojaré elementos aislados, a ver si con eso, ustedes, logran hacerse una imagen:
llegar al aeropuerto y leer carteles en español
tirarme en el sillón de lo de mis suegros
comer asado
helado
asado
helado
asado otra vez
viajar con amigas: lluvia, viento, juegos de mesa, vino y birra, birra y vino, churros, risas, bailes al sol, asado, charlas, charlas, reflexión, reflexión y charlas, manos que agarran la mía, mirarlas —nada podría ser mejor—
abrazar a mi mamá
verla sonreír
abrazar a mi papá
pedalear a su lado en bicicleta
mis hermanos
mis hermanas
las costumbres
una mesa larga en navidad
mi abuelo baila
de nuevo amigos
de nuevo familia
de nuevo asado
y helado
el campo
una pileta en la que se refleja el cielo
35 grados
caminatas a las ocho de la noche por entre los árboles
mis amigas me abrazan todas a la vez
quiero llorar
pero no lloro
ya llegará el momento
ahora toca guardar las imágenes
en mi armario interior
las guardo a la fuerza
son tantas
que ya no entran.
Ya van casi dos años viviendo fuera de mi país, y dos visitas. Todavía no me acostumbro y me pregunto si me acostumbraré alguna vez. Tengo contadas las visitas que me quedan, aproximadas, porque también tengo contados los años que me quedan, aproximados, de vivir lejos. Lo hago con la manía de controlar algo, cuando sé que no controlo casi nada.
En las cinco semanas que pasaron, como podrán inducir de mi lista de elementos aislados: tuve de todo. De todo lo bueno. Y leí, leí y leí. Pero no escribí nada, o casi nada. Sólo algunas hojas de catarsis cuando sentía que iba a explotar.
Soy una persona de listas, así que ya tengo en mis notas del celular todas esas cositas que quiero corregir para visitas futuras: exigirme menos y escribir más, encabezan la lista. Y están conectadas.
Apenas piso Argentina, quiero llenarme de todo el amor que me espera y tanto me hace falta. Pero cometo el error de querer compensar mi ausencia, y eso es imposible. O si es posible, es mediante el atracón, y yo si hay algo que sé, es que los atracones son malos.
No puedo compensar mi ausencia: no puedo comer todos los helados que hubiera comido en el año que estuve lejos, tampoco ver a mis amigas todas las horas que las hubiera visto, no puedo tener a mi familia todo lo cerca que no estuve. Así que intento aceptar la distancia que elegí para este tiempo —sin ser consciente de lo que implicaba, pero elegida al fin—. Me hago cargo del estilo de vida que llevo: con lo bueno y con lo malo.
De bueno tiene mucho. Veo estos años lejos de todo lo que supe conocer, como un retiro espiritual: acá, desde lejos, me hago todas esas preguntas que no me animaba. Me acostumbro a equivocarme, todo el tiempo, digo mal muchas palabras, elijo cosas: soy determinante. Después las pienso mejor, me ablando, dejo de ser determinante, lo aviso. Le digo a R.: voy a cambiar, todo el tiempo. Voy a decirte con seguridad que quiero algo y después voy a decirte que al final no era tan así.
En este país en el que a veces me siento tan extraña: acá todo es religión y yo no tengo una; no manejo el idioma; me pierdo si me alejo de mi casa un par de cuadras. En este lugar todo es posible. Y a mis casi 30, he vuelto a jugar: armo y desarmo; escribo y borro; sueño-planeo-ejecuto. Justifico cada movimiento con un par de palabras: mirá a dónde vine a parar.







“La felicidad escribe con tinta blanca en una hoja de papel blanco “
La ternura.